domingo, 25 de septiembre de 2011

Curso nuevo, comida bonita, señor malo

Mañana empieza el nuevo curso. Mañana empieza el nuevo curso. ¡Nuevo curso!... ¡¡NUEVO CURSO!!... Matadme.

En realidad, estoy emocionada por comenzar el nuevo curso. He estado esperando este día desde que terminé los exámenes de Junio. ¿Ironía? Tristemente, NO. Además, este curso tengo motivación extra, pero antes de explicarlo, os quiero recordar algo que publiqué antes de irme a Nueva York:



Mis compañeros de la facultad no necesitarán aclaración, pero a los demás os contaré que cuando miré las asignaturas para organizar mi horario, me encontré con que NO HABÍA SEPARACIÓN POR APELLIDOS. Ahora la pregunta es: ¿A quién tengo que abrazar? Tengo que enterarme. Sería un puntazo que me encontrara a la profesora de la que hablaba y me dijera: "¿Dónde está mi café?". Ja ja JA. Luego yo me ocuparía de asesinar de la forma más dolorosa posible a la persona que le hubiera contado mi plan. Ja ja... JA. Y ya no hablemos si me enterara de que alguien le ha pasado mi blog a un profe. JA. Pero vamos, coincidencias curiosas.

Hoy mismo me he hecho las fotos de carnet para poner en las fichas. Me he acordado de casualidad, y he pensado que tampoco importaba demasiado si no tenía muy buen aspecto. Bien, pues he clavado la cara de voyapasarenlafacultad11horasaldía. Yo a los profesores sólo les pido que por favor no me griten. No sé qué le pasa a la gente que se comunica conmigo gritando. Como la de Alemán, que es semiamable pero gritando. ¿Por qué grita? Yo no grito. No entiendo que me grite. Yo la entiendo si me habla normal. Me pone nerviosa si me grita. Es una señora loca que grita.

De todas formas, durante el finde he cargado las pilas. Por un lado, el cumpleaños de Marta G. en Yepes, que más que cumpleaños parecía una boda gitana. Estuvimos comiendo desde las doce hasta las cuatro de la tarde. Marta, como buena anfitriona, nos trató fenomenal, con muchísimo tacto. Después del cuarto bostezo, yo esperaba que en cualquier momento le dijera a su novio: "Venga, Nono, vámonos a dormir, que esta gente se querrá ir a su casa". Para nada hizo tal cosa. Lo que le dijo a Nono fue: "Vamos soltando los perros, que esta gente se querrá ir corriendo a su casa". Y vaya que si los soltaron. Y grandes como búfalos que eran. 

Pero para cosas grandes el señor negro con túnica que me ha hecho hoy un placaje en el Rastro. Paula ha pasado entre dos puestos y yo me disponía a seguirla, pero el señor grande negro con túnica ha aparecido de la nada, me ha empujado y me ha tirado. Y no os penséis que me ha ayudado a levantarme, no. SE HA PIRADO. Y no os imagináis lo grande, fuerte y malo que era... 

Afortunadamente, me encuentro bien, con ánimo suficiente para levantarme mañana, sonreírle a la vida y prenderle fuego a todo. 



...

lunes, 19 de septiembre de 2011

Paciencia y sushi


En capítulos anteriores...



¿Os ha pasado alguna vez que os preparáis el desayuno y os está sentando mal pero no dejáis de comer por no tirar el desayuno que vosotros mismos os habéis preparado con todo vuestro amor?

Habréis notado que en la pregunta no hay comas. Eso es porque hay que leerlo así, del tirón, tal y como sale de mi mente. Pasa lo mismo con las redacciones de los chavales de Bachillerato de mis clases particulares. Debería pedirles permiso para fotocopiarlas, o decirles que me las manden por e-mail. El problema que tiene la segunda opción es que luego me encuentran en Facebook y se piensan que les voy a agregar. A veces, me mandan una solicitud después de que les haya cancelado la primera, y añaden un mensaje: "te as olvidado de miiii??? me diste ingles en el isti". Tengo sólo a un par, y porque nuncajamásenlavida les voy a volver a dar clase. Sorprendentemente, cuando me escriben algún comentario, sí que usan comas.

Es increíble la paciencia que tengo, y no hablo sólo de mis alumnos. En Nueva York, yo vivía con una familia que tenía varias habitaciones alquiladas, y me comunicaron que había llegado una nueva chica, japonesa. Ese día, estaba sola en casa y empezó a sonar el teléfono. En cuanto colgaban, volvían a llamar. Después de 6 ó 7 llamadas, bajé a la planta baja para ver si estaba todo bien. Me asomé a puerta de entrada y allí estaba ella.

Mamiko no tenía ni idea de inglés, y me hablaba en japonés esperando que yo la entendiera. Intenté comunicarme con ella a través de un vocabulario básico y mímica, pero ella no dejaba de hablar japonés, lo que me estaba poniendo un poquito de los nervios. Por fin, sacó una maquinita que traducía, y le pude escribir unas cuantas frases clave. Había estado fuera una hora porque no podía abrir la puerta.

Al día siguiente, recorrimos juntas medio Manhattan. La invité al Top of the Rock, a café... Me quedé afónica de hablar yo todo el tiempo, como en las clases de inglés a niños, pero al igual que ellos, Mamiko parecía comprender en todo momento. Me dijo con su maquinita que entendía mi inglés, pero no el del resto del mundo. Claro, nadie más se lo curraba tanto.


El lunes, quedamos para ir a clase. Se levantó una hora antes que yo porque "Mamiko make-up" y "Mamiko (h)air". Mientras estaba en la cama, escuché el agua de la ducha durante 20 minutos. Después, el ruido del manillar cerrándose. ¿Cerrándose? Un yiii yiii yiii apuntaba a que Mamiko estaba girando el manillar en el sentido contrario. Fueron 10 angustiosos minutos en los que pensé llamar a la puerta para ofrecerle ayuda. Por fin, lo consiguió.

Más tarde, al entrar al metro, metió el ticket en el torno y no pasó, por lo que ya no podía usarlo otra vez. Le dije que fuera a la máquina y comprara un billete sencillo, sólo para esa ocasión. Volvió con otro abono mensual de 104$. Intenté no perder los nervios. Sólo le dije que íbamos tarde por su culpa.

Ese día le comenté a mi padre adoptivo que pensaba que el problema de Mamiko era abrir y cerrar cosas. Él la llamó y le pidió que nos hiciera una demostración de cómo abría la puerta. Efectivamente, tras meter el código, giraba para el lado que no era. Le pedimos que lo repitiera unas cuantas veces más y cada vez que salía nos echábamos las risas. Yo intenté explicarle con gestos el mecanismo de la puerta, pero acabamos limitándonos a escenificar el movimiento de abrir-cerrar perfectamente coordinados.

Todo eso se lo comenté a mi amigo japonés:
-¿Qué edad tiene?
-25
-¿25?... ¿Y no sabe abrir la puerta?... ¿Retrasada?
-Ni idea. Y sé que en Japón tenéis puertas. Lo he visto en Doraemon.
-Doraemon... Vale, tenemos puertas, pero Doraemon no es la vida real. ¿Crees que Japón es tal y como sale en Doraemon?
-Claro
-Bueno... supongo que en parte, sí.


La cosa se volvió mucho más extraña cuando, el martes, se fue al colegio sin esperarme. Cuando vi a Zack, me contó que se la había encontrado en el pasillo y le había hablado en japonés. Por lo visto, le miró como si no entendiera nada, pero luego cruzaron cuatro palabras. Así se convenció de que la chica era bastante rara, que no era una cuestión cultural.

No había acabado la semana cuando, un día, al volver de cenar, me la encontré en la cocina:
-You cooking?
-Ah?
-You dinner?
-Yes. Mamiko... and family
-Are you cooking for them?... Mamiko and family dinner?
-Yes
-You need help? You want Aída help you? 
-Oh... No, no... Mamiko only dinner for family and Mamiko. Only 3, no 4...
-Ah, no, no, I don't want dinner. I HAD dinner. 
-Suuurrry, suuuurry Aída... Tomorrow 4. 

Z***... Pensaba que quería cenar con ellos e intentaba decirme que no tenía comida para mi. Que ya había cenado, pero aún así, hizo que me sintiera fatal. Se me empezó a agotar la paciencia y dejé de lavar sus platos, quitar sus pelos de la ducha, fregar el agua que tiraba, abrirle la puerta... Ñiñiñiñiñi culture shock, culture shock...

Soy la bondad, pero tengo un límite.

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Sesión de estudio


Adquirí el vaso de mono en mi viaje a Yepes, en la España profunda, cuando fui a visitar a Marta G. y a Nono el pasado mes de Agosto. Detrás, mis esquemas de Applied Linguistics.